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lunes, 4 de enero de 2016

Desayuno con diamantes, 68



EL SILENCIO ROTO DE CARMEN LAFORET*
   Desaparece Carmen Laforet (1921-2004) la voz intimista de la narrativa española de posguerra.



     A lo largo de las primeras décadas de la posguerra española y hasta bien entrado el régimen franquista, una serie interesante de generaciones de escritoras se dieron a conocer en el panorama narrativo editorial. El fenómeno «novela escrita por mujeres» fue iniciado por Carmen Laforet, una joven barcelonesa que en 1944 obtenía el Nadal por su primera novela, Nada. Nuevos nombres se sucederán a lo largo de la década y las siguientes hasta 1960: Memorias de Leticia Valle (1946), de Rosa Chacel, Cinco sombras (1946), de Eulalia Galbarriato, Los Abel (1948), de Ana María Matute, Nina (1949), de Susana March, Montse de Sancha (1950), de Mercedes Fórmica, Viento del norte(1950), de Elena Quiroga, Caza menor (1951), de Elena Soriano, Nosotros los Rivero (1952), de Dolores Medio, Siempre en capilla (1954), de Luisa Forellad, Duermen bajo las aguas (1955), de Carmen Kurtz, El balneario (1955), de Carmen Martín Gaite, Primera mañana, última mañana (1955), de Mercedes Salisachs, Los que se fueron (1957), de Concha Castroviejo. Dos narradoras excelentes seguirían a lo largo de la década de los 60 dominando el panorama literario, Ana María Matute y Carmen Laforet.

Una revelación
    La aparición de La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, representa dentro de la denominada generación del 36, la revelación de los jóvenes aprendices del 98 y por consiguiente, la continuidad de una narrativa de la España negra de principios de siglo; sin embargo, la publicación de Nada (1944), de Carmen Laforet ofrece esa otra visión de la primera generación de la posguerra que ofrece otra sensibilidad para abordar los temas de una vida cotidiana y vulgar de la clase media.  La joven Carmen Laforet, nacida en Barcelona el 21 de septiembre de 1921 y fallecida en Madrid, el 28 de febrero de 2004, recrea con su novela el  marco urbano una sociedad pequeño burguesa, anónima y multitudinaria, donde una pequeña heroína, tan soñadora como rebelde, se enfrenta a una existencia mediocre y gris, como la época. Andrea simboliza, junto a su autora, esa nueva generación que ha despertado entre el final de la guerra civil española y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, con una urgente vocación de vivir, por encima de todo. La adolescente vive con cierta angustia y desolación un presente real que se va alejando de ese otro dato  histórico que es la pasada contienda. Se trata de una visión psicológica de la vida de una adolescente que se enfrenta a un mundo marcado por el horror y la muerte pero que sobrevive por la ilusión y el deseo de volver a empezar. La novela se sostiene sesenta años más tarde porque aún persiste entre sus páginas ese vehemente deseo de libertad y el contraste que la joven Andrea percibe tras la revelación de un mundo nuevo cargado del desengaño proyectado sobre sus anhelos y sus deseos. Nada se convirtió en un fenómeno editorial que llegó a su tercera edición en 1945 y dos más en 1946 y desde entonces no ha dejado de reimprimirse. En 1952 Laforet publica La isla y los demonios, su segunda novela, relato donde persiste esa toma de conciencia mitificadora entre la realidad y la desmitificación de esa otra realidad interior. Ambientada en las islas Canarias, recrea ahora un mundo más alejado que el de Nada, volviendo a la niñez, el paso a la adolescencia, hasta la edad adulta.  Iglesias Laguna habla de esta novela como si se tratara de un evidente antecedente de Nada. Marta, la protagonista es la misma Andrea, aunque unos años más joven. La guerra civil aquí es un simple telón de fondo que pone una nota ingrata en la vida paradisíaca del archipiélago canario. Marta se libera del amor que siente por el pintor que ama y se marcha a Barcelona, donde se transforma en la joven Andrea. La novela está escrita con una gran economía de lenguaje y una excelente ambientación. En 1955 publica La mujer nueva, su vuelta a la fe religiosa perdida por la decepción de un futuro inmediato. Juan Luis Alborg en el vol. I de su Hora actual de la novela española (1958) califica esta novela como si de un mayor empeño se tratara en la narradora, no obstante, afirma «no añade nuevos aspectos al panorama novelístico de la autora. Paulina, la heroína, sigue estando en la línea de Andrea y de Marta, pero convertida ya en fruto logrado de mujer, enredada en la aventura de sus amores que son intensos y dramáticos (...) esta Paulina puede considerarse asimismo como el tercer capítulo de la vida de una misma mujer». Con esta novela Carmen Laforet cierra ese ciclo inicial de aprendizaje y de búsqueda de una identidad para adentrarse, en la década de los 60 en un nuevo proyecto narrativo que tendría el título original de Tres pasos fuera del tiempo y que iba a estar integrada por las novelas, La insolación (1963), Al volver la esquina, novela inédita hasta el momento que Destino, su editorial desde siempre, editará en los próximos meses y Jaque mate, texto desaparecido y del que se cree existen bastantes páginas en un maleta perdida en Roma.. Después publicó Paralelo 35 (1967), La muerte (1952), La llamada (1954), La niña y otros relatos (1970) y los libros de ensayos, Gran Canaria (1961) y Mi primer viaje a U.S.A. (1981).



Intimismo
       De «Realismo intimista» tildaba Antonio Iglesias Laguna la obra de Carmen Laforet en Treinta años de novela española (1970) y señala como Nada muestra «la angustia, la repulsa instintiva, irrazonada y feminísima de un montón de cosas en el momento peor de los años del hambre» Añade que, en realidad, la autora pretendía una descripción dolorosa de la frustración de unos ideales, mezcla de miedo a la vida e ilusiones románticas, desfiguradas por una carga tremendista, Insiste en las influencias de Laforet, ciertos autores extranjeros que ella había leído en la época: las hermanas Brönte, Austen, de la Roche... En Nada no pasa nada; pero uno, al leerla, se empapa de su atmósfera turbia, acongojante, de su clima de soledad y malos sueños, del temor a un sentido monstruoso oculto en las vulgaridades cotidianas. Andrea, introvertida y deseosa de vivir, va de acá para allá, convive con seres anormales, deambulas por las avenidas e Barcelona, se adentra en el barrio chino y llega a considerar aceptables a tipos que no lo son». Con respecto a La insolación (1963), Iglesias Laguna afirma que «peca de artificiosa, se advierte en ella la busca de un camino nuevo aún no encontrado (...) Laforet es novelista de un solo personaje y la Adela de esta novela repite, azucaradamente, la efigie de sus hermanas mayores. El dramatismo aparente no cuaja en ningún momento, la rebeldía queda en retórica. La novelista distrae pero no emociona, crea tipos intercambiables cortados por el mismo patrón». 
     En 1966 el hispanista David William Foster escribía acerca de Nada que «No podemos estar seguros de si el tiempo tratará bien a esta novela, aunque la mayoría de los críticos están de acuerdo en que está bien escrita y bien construida (...) El romance es una forma de la novela difícil de escribir de manera convincente en nuestra edad, y la novela de Carmen Laforet será uno de los escasos ejemplos del romance en la novela española contemporánea (...) A pesar de unas referencias poco convincentes al tremendismo y al existencialismo, no se ha establecido ningún lazo fuerte entre Nada y las otras novelas de la vanguardia. La novela que ganó el Premio Nadal en 1944 viene a constituir un caso aislado. Este hecho y sus obvios méritos intrínsecos le garantizan un lugar predominante en el estudio de las formas que ha tomado la novela española de su generación». Sigue siendo la novela más traducida de nuestro idioma tras El Quijote y La familia de Pascual Duarte.




APARTE

 Carmen Laforet fue una observadora excepcional de sus propias experiencias, aunque llega a caer en sorprendentes ingenuidades cuando pretende transcribir una realidad que le es ajena—afirma Manuel García Viñó en su obra Novela española actual (1967). El armazón de la novela se resiente, la fórmula queda al descubierto y el estilo brioso y expresivo, propio de sus primeras obras, desaparece». En cuanto a la génesis de sus obras principales, la misma autora señalaba como «La idea de la novela Nada vino del choque experimentado por mi sensibilidad al llegar desde el mundo amable y pacífico de las islas Canarias a Barcelona, en septiembre de 1939, recién terminada la guerra española (...), en cuanto a La isla y los demonios, su tema principal, aquello que me impulsó a escribirla, fue un peso que estaba en mí hacía muchos años: el encanto pánico, especial, luminoso que yo viví en mi adolescencia en la tierra de la isla de Gran Canaria y el hecho humano que motivó la temática de La mujer nueva fue mi propia conversión en diciembre de 1951 a la fe católica».

*Carmen Laforet fallecía el 28 de febrero de 2004.


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