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domingo, 1 de octubre de 2017

Desayuno con diamantes, 118



Un manifiesto sobre la repetición  

                       
       La heterodoxia en el panorama narrativo español contemporáneo tiene un nombre propio: Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948). Su literatura, que arranca desde la década de los 70, queda defi­nida por ese rigor ico­no­clasta y/o inconformista porque, entre otros muchos logros, ha conseguido con el paso de los años lo más difí­cil que un autor pretende con su obra, la consecuencia misma de hil­va­nar una voz pro­pia e inimi­ta­ble con cada uno de sus libros. El concepto historicista de la literatura, según Vila-Matas, puede concebirse como una sucesión de variaciones sobre los mismos temas, léase como ese proceso que se desarrolla a lo largo de los tiempos, y siempre y cuando entendamos que la obra de un escritor se convierte en un viaje interminable alrededor de una misma obsesión; en el caso del escritor barcelonés, sus lectores estamos obligados a volver la vista a sus inicios, en concreto a 1988 cuando publicaba Una casa para siempre, una novela de cuentos encadenados que reproduce las memorias de un ventrílocuo, un hombre atormentado por un crimen, y por la idea de tener una sola voz para contar su historia que proclama con más severidad que ironía, y como única y definitiva fe: la de creer en una ficción que se sabe ficción, la de saber que la exquisita verdad consiste en ser consciente de que se trata de una ficción y, sabiéndolo, creer en ella. Esa era la ubicación metaliteraria de Vila-Matas que convirtió su entorno más cercano en esa otra famosa realidad donde todo es susceptible de hacerse visible. Su última propuesta, Mac y su contratiempo (2017), nos devuelve a esa idea y se propone, tres décadas después, la reescritura de algunas obsesiones que estaban ya presentes en su novela de los ochenta, aquella de la que una vez leída podrían desprenderse dos tipos de lectura: la esencia misma del discurso narrativo como absoluta proyección artística y visto todo desde esa exclusiva perspectiva crítica y tecnicista; y otra que quiere recibir el mensaje más o menos en clave de un discurso que debe estar bien planteado y al mismo tiempo ser divertido, aunque siempre se abogue porque debamos leer un material que nos obligue a abandonar esa idea de mero divertimento, y nos ejercite en el juego mismo de la palabra escrita para convertirnos en transcriptores de buenos pensamientos y de la mejor imaginación como autores mismos.
       El narrador se llama Mac, ha cumplido los sesenta años, acaba de perder su trabajo y simplemente pasea por su barrio donde vive. Sueña con escribir un libro, pero es un auténtico debutante que quiere dejar un texto póstumo e inacabado, y mientras decide llevar un diario como ejercicio cotidiano para ver qué pasa. Obsesionado con su vecino, un día oye como este habla con la librera sobre su libro de juventud que tituló, Walter y su contratiempo; en ese preciso momento, Mac se propone reescribir y mejorar el libro de ese reconocido escritor que convive con él en el barrio del Coyote, y así el resultado de ese empeño convierte a toda la novela en una reflexión sobre la escritura, una auténtica vorágine que asalta al narrador sobre la exigencia que él mismo se impone para conseguir una voz propia, y el lector asiste a un recorrido por toda una dilatada tradición literaria de autores tan desiguales como Poe y Barnes, Chesterton y Cheever, Borges y Hemingway, y también Carver y Malamud, unidos por el mismo concepto esencial de cuento literario, y que se citan al principio de cada uno de los relatos que va componiendo Mac; también hay referencias en el libro a grandes autores como Isak Dinesen, Ana María Matute, Georges Perec o a R. L. Stevenson, y se convierte en un auténtico manual sobre el concepto de la improvisación, el complejo mundo de la creatividad, y esa permanente reflexión sobre la repetición como único método artístico válido que tantas buenas páginas ha proporcionado a un cada vez más sobresaliente Enrique Vila-Matas.
       Este nuevo libro de Vila-Matas es el diario de todo el largo proceso de un aprendizaje y el complejo desarrollo de la expresión, el descubrimiento de esa caja china, como afirma el narrador, que contiene varias historias, toda una colección de cuentos que resumidamente nos va ofreciendo el aprendiz de escritor en su intento por encontrar, a través de la escritura, numerosas y variadas respuestas, un intento que no deja de crecer a lo largo de las páginas de Mac y su contratiempo en ese gesto humano que convierte toda su existencia en una repetición por muy incongruente que parezca, y es así como Vila-Matas profundiza en el concepto de creación literaria sin renunciar a una de sus más habituales estrategias, sobrellevar todos nuestros intentos fallidos de progresar con el sentido del humor que caracteriza a sus obras, cuya interpretación solo podría justificarse con la idea intrínseca preclaro tono ensayístico, ese que siempre se ha impuesto sobre ese otro concepto narrativo tradicional y no menos trascendental como resulta obvio en las últimas obras de un irónico Vila-Matas más inteligente.
       El mejor Vila-Matas asoma por estas páginas porque su horizonte literario, su mejor propuesta narrativa, en este caso Mac y su contratiempo, se complementa con ese finísimo humor con que dota a sus textos, y aún añade esa típica metamorfosis a que nos tiene acostumbrados porque nunca sabremos si el narrador se asemeja al autor o viceversa, aunque sí aseguramos que busca en cada unas de sus páginas la complicidad absoluta con el lector, cuando este como el propio Enrique Vila-Matas intenta ordenar su vida, esa que según el maestro, es simple y llanamente pura literatura.






MAC Y SU CONTRATIEMPO
Enrique Vila-Matas
Barcelona, Seix-Barral, 2017; 303 pp.


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