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jueves, 12 de octubre de 2017

Medardo Fraile



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ÉTICA Y CÍVISMO

       El proceso de globalización llevó a los medios de difusión a una desterritorialización en 1975, cuando se inició la transición y se sucedieron los gobiernos democráticos de la UCD, PSOE y PP, con una distinta y evidente incidencia en el periodismo de la época, incluso en el posterior. A partir del año 1976 comienzan su andadura algunas cabeceras mediáticas, El País, Avui y Cambio 16 (1976), a lo largo de 1977 aparecerán, el matutino vasco Deia y El Imparcial. El 1 de abril de 1977 se derogan algunos aspectos de la Ley de Prensa de 1966 y el gobierno decreta la liberalización informativa. A lo largo de estos años, desaparecen antiguos medios: Informaciones, que había nacido en 1922, y cerró a finales de 1980, Pueblo que editó su primer número en 1940, lo hará en abril de 1984, y El Alcázar en 1987; Arriba, fundado por José Antonio Primo de Rivera en 1935, como semanario, se convirtió en diario tras la Guerra Civil, y se publicó hasta 1979, pero sobre todo hay que resaltar como a partir de 1984 desaparecería la denominada, Prensa del Movimiento, cuarenta medios que no lograron subsistir a los tiempos.
       Literatura y periodismo han favorecido, desde siempre, todo tipo de interconexión cultural o artística; el periodismo nace en pleno Siglo de Oro, con gacetas o noticias cortas y relaciones dedicadas a relatar sucesos. Larra a comienzos del XIX, fundaría numerosas publicaciones, sus artículos aparecerán en prestigiosas revistas de la época, y hoy son un referente literario importante. Lo mismo ocurrió con Unamuno que consideraba la labor periodística como una contribución a la historia literaria, incluso desde un punto de vista político y moral. Y, en interés proporcional, practicaron el género autores como Maeztu, Machado, Azorín, Baroja y Ortega y Gasset, impulsor de muchas publicaciones periódicas, o más tarde Azaña, Rivas Cherif, Cela, Umbral, Sánchez Ferlosio o Vicent.
       De zona fronteriza caracterizaba María del Pilar Palomo los textos periodísticos de Medardo Fraile (Madrid, 1925), actividad que ha cosechado durante años y recogido en varias compilaciones con acertado atino. Para el autor, todo texto es unitario y cada obra opera como un contexto, que no precisa demasiado de referentes externos. En general, su obra periodística sigue fiel al humanismo, al intimismo, al autobiografismo, a su amor por España y al humor. En A media página (2012) Fraile recoge sus colaboraciones en la segunda del suplemento, Cuadernos del Sur, del diario Córdoba, en realidad, testimonios, lecturas y curiosidades que distribuye en cinco apartados, “Cartelera de España”, “Los españoles como problema”, “Confidencias inofensivas”, “Saldo de reflexiones” y “La obra y su gente”. Por el estilo, característico del autor, se trata de un breviario secular que busca o nos hace pensar, deja constancia de un conocimiento propio y aun más para ajenos, es un libro que uno se cree a medida que va leyendo, o incluso provoca discusión porque el contenido general que se incluye en A media página adquiere una especial responsabilidad en el discurrir del tiempo, tanto los artículos que se presentan con un carácter documental como los de naturaleza ficcional. Medardo Fraile, atento a lo mediático, muchos de estos textos, son auténticas indagaciones sobre la naturaleza de las palabras.





A MEDIA PÁGINA
Medardo Fraile
Madrid, Huerga & Fierro, 2012.

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