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lunes, 9 de octubre de 2017

Ricardo Martínez-Conde



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LA LUCIDEZ DEL MUNDO         
       Sin duda alguna, la literatura se ha propuesto, desde siempre ahondar con una suprema lucidez en el mundo que nos toca vivir, en buscar la esencia misma que nos lleve a entender la anomia o esa ausencia de actitudes contemporáneas en las que todo sirve y por extensión también nos confunde; se habla ahora de tiempos distintos, de la desaparición del autor o de los lectores de literatura, aunque la calidad y la ambición, o incluso la singularidad, nos acercan más a un género como el cuento que, en las últimas décadas, se cargaba con ribetes de un realismo renovado, y por supuesto ajeno al ensayado anteriormente; de cierto expresionismo, resuelto metafórica u oníricamente que lograba alcanzar, en ocasiones, lo puramente fantástico, que desembocaría en una discreta y acertada forma de experimentación narrativa, buscando, eso sí, emocionar a un posible lector con unas historias que se concretan en una realidad vivida, por muy distorsionada que pretendiera reflejarla su autor.
       La literatura de Ricardo Martínez-Conde se localiza en espacios reconocibles, porque nuestra vida cotidiana se construye a base de gestos rutinarios donde la melancolía y ese corazón herido del ser humano se tornan en una soledad absoluta; o tal vez, se muestre como una sucesión de desdichas como las que Martínez-Conde ensaya en sus relatos y, en ocasiones, se convierta en una auténtica angustia existencial como se percibe en algunos de sus cuentos más significativos, “Un tramo de escalera” o “La oficina”, porque, además, estas historias sugieren más que muestran, y se sustentan por esa sabia percepción capaz de elaborar una auténtica tesis, generada por un tratamiento distinto de la realidad en la que se concretan algunos de estos relatos. Algunos de ellos con un desarrollo lineal pero cuya peculiaridad se percibe en el relato contado, como ocurre en los casos de “El viejo profesor”, “La casa verde” o “La escuela”. En numerosas ocasiones, Martínez Conde recurre a aspectos que pueden estar por encima del elemento narrativo, recurre a la reducción del relato con una pura y simple digresión, en realidad, se sirve de una técnica que refuerza variados elementos casi ensayísticos, o en otras ocasiones profundiza en fórmulas de auténtica síntesis argumental y de condensación narrativa para exaltar esa capacidad de sugerencia que antes apuntábamos, algo quizá más propio de las formas poéticas puesto que, indiscutiblemente, su obra lírica y aforística podría estar muy presente en algunos de estos relatos. La suya es una concisión expresiva que resulta funcional y estéticamente elaborada según la historia a contar, otras veces su lectura se convierte en una mera impresión fugaz, en una evocación de emociones, porque en los cuentos de Martínez-Conde, el amor amplía sus posibilidades, se sustenta con una acción y estructura narrativa mínima, basa su artificio narrativo en pequeñas digresiones o leves apuntes, tan breves como acertados.





LA LUZ EN EL CRISTAL
Ricardo Martínez-Conde
Palma de Mallorca, Calima, 2011

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