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martes, 19 de diciembre de 2017

Salvador Gutiérrez Solís



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MALDITOS

       Si la novela es un género donde cabe todo, según un juicio barojiano que, durante décadas, no dejó indiferentes a propios y ajenos, cuando hablemos de cuento, deberíamos pensar en un experimento con una definición de límite, siguiendo la máxima del argentino Pligia, porque en una mesa revuelta o cajón desastre, las hormas o convenciones dejan de tener sentido, o mejor, los géneros puros son inexistentes y, entonces hablaríamos de antigénero o multigénero, para definir el contenido de un libro de microrrelatos, de hipertextos, o secuencias minimalistas. Un cuento es algo nítido, limitado como un objeto, poblado de metáforas que conjugan visualidad y simbolismo para conseguir un punto de vista, configurar los personajes y, una vez armonizada acción y atmósfera, el conjunto ofrecerá el equilibrio, esquivando la posibilidad de un relato desproporcionado. Sin duda, el cuento hoy, cualquiera sea su extensión, ofrece una inagotable materia para la reflexión.
       La historia literaria se ha servido siempre de cierta visión crítica con abundantes opiniones personales que convierten a sus autores bien por alguna fatalidad, bien decisión propia en auténticos caníbales que se devoran unos a otros; en ocasiones, esta impertinencia va mucho más allá de un manual de buenos modales, y muestra una inteligente visión de los espectros literarios, al tiempo que destila dosis de humorismo, sarcasmo, mofa e ironía que transforma en sátira todo cuanto toca, léase el entorno literario y el mundillo del mismo. Una sobrada capacidad que Salvador Gutiérrez Solís (Córdoba,.1968) explora en su dilatada bibliografía desde La novela de un novelista malaleche (1999), las colecciones Jugadores y coleccionistas (2004), El batallón de los perdedores ((2006) y Guadalajara 2006 (2007) que, ahora, de alguna manera «globaliza» en Escritores (2011), diecisiete historias, de variada extensión, en torno al mundo de la vanidad, la mediocridad, el despotismo o los entresijos del mundo literario que reivindica ¿su papel? o ¿valora? al margen de una oficialidad de la buena, la mala o la regular literatura que Gutiérrez Solís plasma como el detective poeta, el torero escritor, el guardián de las palabras, el escritor a sueldo, entre otra variada fauna alocada, maldita y rapera para terminar convertido en un novelista caníbal, sospechoso de ser trasunto de Rafael Reig y su polémico Manual. Los cuentos de Escritores o, quizá, este singular manual de Literatura, está salpicado de frases lacónicas que para el buen lector resultan tremendamente expresivas y elocuentes. Aguda reflexión sobre el hecho literario, su proceso y gestación, esperpéntica mediocridad de quienes se creen poetas, novelistas o ensayistas en el inmenso escaparate de un malditismo literario filtrado por el humor, el ingenio, o los condicionantes a que se ve sometido el meritorio autor en su vida cotidiana y, también, en el farragoso proceso de publicar su obra.








Salvador Gutiérrez Solís, Escritores; Córdoba, El Olivo Azul, 2011; 160 págs.

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